lunes, 8 de abril de 2019

                                                                                                  DINÁMICA DEL PUNTO       
         
Ni media palabra dijiste
nuestras rectas se cruzaron
cogiste con la mano el punto
 acunándolo en tu alma.

 En la linea de mi vida
 al momento de soñarte
 no asoma el punto y aparte.
 Paralela a ti camino,
 ya te tome la palabra.

 Y,si acaso en la tangente
  al continuar la historia
  alguna vez hubo coma
  acunate aquí conmigo
  hagamos punto y seguido.

domingo, 7 de abril de 2019


UNA Y MEDIA EN LA COCINA                 Dialogo de besugos



-Pero Paqui, ¿Qué haces ahi encogida?
-Que voy ha hacer., resguardarme
Resguardarte, ¿De qué? , ahí bajo la mesa, con esas gafas de bucear.
-No son gafas de bucear, son protectores. Les he puesto aceite de oliva en los cristales para que repelan las ondas “p”, lo he oído en la tele.
-¡Pero qué ondas “p” ni que mandangas me estás diciendo!. No sé qué has oído en la      tele, pero sal ya y vamos a comer, que son las dos. Así cuando venga Juan me podre ir a trabajar ya comida.
-¡No, no por Dios! No te vayas hoy, que hoy las ondas “p” tienen una actividad enorme. Mira, mira por la ventana, esta el cielo verde.
-¡Que salgas ya de ahí te digo!¡ El cielo es verde por el aceite de oliva virgen que llevas en los cristales!. Además mira como lo estas poniendo todo.
-¡Que no, que yo no me quito las gafas! Voy a comer, pero con ellas.  Y luego tu atente a las consecuencias si te atacan las ondas “p” de las putadas. ¡Haber como las combates!

LAS RATAS                                        Trabalenguas


Era una rata peluda pelada, pelinpelingrada, ética,  peletica,  pelín  pelingretica,
Si esta rata no fuera peluda pelada,  pelín  pelingrada, no tendría hijos peludos y pelados, pelín  pelingrados y éticos, y  peleticos  pelinpelingreticos.


Pero tiene,  tiene muchos, como nosotros sus vecinos hacedores de birrias y basuras.
Así,  las ciudades están llenas de ratas peludas,  peladas, pelín, pelingradas y de hombres éticos, peleticos un  pelín pelingreticos

                                     Pilar Lamuy                                 

martes, 2 de abril de 2019

ESCENA TEATRO                                    Amor y celos
En el escenario , una mesa de cocina, encima una taza de café y una silla.
Atrás al fondo una ventana con el reflejo de un árbol sin hojas, y sus ramas oscuras moviéndose oscilantes.
El personaje. Una mujer demacrada esta sentada en camisón, con la cara apoyada en la mano. Mira la publico y dice:
Y si no lo hubiera creído, tan dulce ese beso, tan cálidas esas manos ¡eras al amor!
-           Se enfoca la ventana, y tras  ella carcajadas y una voz que dice:   Pobre niña ¡el amor!  Mas carcajadas.
-            
Después la s manos eras ásperas cuando me agarraba el pelo, (se levanta) ¿Quién es? ¿Quién es? ( grita) ¿Quién  es? Tu boca babosa seguía preguntando ¿Quién es?
-            
-           En la ventana carcajadas y una voz dice : Pobre niña son los celos (mas carcajadas) solo los celos.

Ella se tapa la cara, se sienta y llora.

viernes, 1 de marzo de 2019

PLAGA PURPURA

El Cazador de mariposas apareció en su gabinete cosido a alfilerazos. Las vitrinas donde guardaba su preciosa colección estaban vacías y la mariposa de alas negras con ojos amarillos llamaba a filas a todos los gusanos que habían eclosionado.
Cogían los alfileres que mataron a sus pobres madres, y con las alas mutadas en unos sutiles y preciosos dedos.
 El frio que el asesino puso en los huevos hizo el milagro, Algunos gusanos murieron, pero hubo muchos que haciendo gala de una resistencia inusitada decidieron teñirse de rojo, con el interior de todos los cazadores de mariposas.

Esa primavera las noticias anunciaron plagas de mariposas purpura, aunque no se sabía el origen, la población estaba entusiasmada con estos nuevos colores.

                                             Pilar Jimenez Ortega

jueves, 21 de febrero de 2019



QUE MAS DA


  Todo a su alrededor era un oscuro liquido viscoso que hacia su lecho confortable.

  Desde ahí dentro las voces sonaban, una era aguda y cálida, la otra más grave y acogedora. Lo que más le gustaba era cuando las dos se fundían en una sonora carcajada, era como un gorgoteo.Eso si lo identificaba, el liquido lo hacía a su alrededor cada vez que se movía, aunque últimamente cada vez pasaba menos, no le quedaba casi hueco, y, a las voces se la notaba como inquietas, decían demasiadas veces ¿ que será niño o niña?.


 Al darse la vuelta para notar las burbujitas en su pequeña nariz se preguntaba que seria aquello.
                                     
                                 

                                    19 de febrero 2019 
 ATOCHA  67


Venia de la playa, cuatro días tranquilos, y ahora otra vez a la rutina.
Al darse la vuelta para coger la maleta, vio en la ventanilla de enfrente a la niña con su nariz pegada al cristal,   la observaba con esa mirada ávida de vida.
Tendría unos seis años, los mismos que ella cuando llego a esta misma estación de Atocha con sus padres, venían del pueblo buscando porvenir, a vivir a Madrid como todo el mundo.
Nunca olvidara ese día, porque esta misma estación de hoy era negra, olia a negro de hollín, negro de trenes, negro de seres sin nombre que cargaban maletas en carritos con sus batas grises de trabajo y el negro hueco de sus bocas sin dientes.
Era blanco y negro de pobreza,  de noches cortas de descanso y sueño.
Su padre no le pidió ayuda a ninguno de esos mozos, habría que pagarle. 
Cargo la enorme maleta en sus hombros con esas  fuertes manos de campesino que tenia, las mismas que ella adoraba aferrar. 
Su madre torciendo su bonita figura por el peso de la otra maleta y con su sonrisa, esa sonrisa amplia y franca que tenia, agarraba su mano.
Siguieron andando los tres sin separarse hacia la incierta salida, esto recordaba al bajar del tren.
Mientras la niña del cristal saltarina bajaba al andén de la mano de su padre, viviendo un cuento, ese en el que los niños transforman la realidad, y en el que son personajes únicos e indiscutibles.
Las dos se seguían mirando de soslayo, hasta que fueron engullidas por esa gran boca de ciudad a la salida de la estación.
Pilar, según iba andando no dejaba de preguntarse como vería la niña esta misma estación cuando tuviera su edad.
                                                                                   
3 de Marzo 2018
  Pilar Jiménez Ortega

                                                                                  


CARIÑO VECINAL

  Tenía que ir, por supuesto que tenía que ir a comprobarlo aunque ese día no es encontraba del todo bien.
  Se acerco como buen vecino a dar las condolencias a la viuda  “le acompaño el sentimiento” dijo, aunque en verdad lo que estaba es exultante, se había muerto, y se había muerto antes que él, pensaba al mirarle a la cara poniendo buen cuidado en que nadie le viera sonreír.
  Hay esta,  al fin,  ¿Cómo se enteraría del día que cumplí 80 años para ponerme la marcha fúnebre  a todo trapo en la terraza? , con lo quietecito que está ahora el cabronazo.
  Y, le podía decir lo que quisiera a los vecinos, con esa medio sonrisa,  esa  gorra hortera de cuadros llena de roña que llevaba,  como si fuese alguien. Pero yo no le mate al chucho, ganas me dieron sí , pero de ahí a matarlo.
  Sería el del 3º, siempre se quedaba mirando cuando el animal desesperado montaba el brazo del sofá del descansillo, menos mal que era un perro patada, que si hubiera sido más grande nos lo habría destrozado, y, ¡ otro sofá que paga la comunidad! Al fin,  podre sentarme en él, que,siempre que vigilaba para ver cuando bajaba a por el pan lo tenía que hacer desde el banco de la calle.
 Bueno ya no debe de quedar mucho para que quemen a este al fin.
 La espera se me está haciendo eterna. Aunque más eterno se le va ha hacer a èl con la de pecados que tiene el purgatorio pensó riéndose.



                                            Martes, 9 Enero 2018          

Pilar Jimenez Ortega



LAS PLANTAS DE LOS PIES



Como siempre que me montaba en un avión, un sudor frio que no podía soportar ni controlar me consumía.
Esperaba este mes no tener que hacer mas viajes , con este de cuatro horas ¡madre mía!  ¡cuatro horas! tenía más que suficiente.
Al despegar la sudoración y palidez debieron hacerse más evidentes porque el señor que tenia la lado me dijo:
- Sé cómo se siente, no se preocupe, pasará.  Soy Fabián Mondragon.
 ¿Viaje de negocios?
- Si, solo viajo en avión por necesidad, Juan Marín, encantado.
- Yo también viajo por trabajo, voy a dar un concierto de acordeón.

Le he dicho que se cómo se siente, con todo  conocimiento de causa, si quiere paso a contarle,  haber si de algún modo logro hacerle más ameno y fácil el viaje. lCuando era niño, era incapaz de comer verdura, sobre todo la de forma redonda. Pensaba que al ser alimentos de crecimiento rápido iban a agarrar en su estomago empezando a crecer.  Se veía con los floretes de la coliflor saliendo por sus orejas, y en la planta de los pies entre los dedos una plantación de hermosos y verdes brócolis.
Con la col era peor, su piel se abría y descamaba como esta verdura.
 Así con unas y otras.
Su madre quiso remediar esta situación alimenticia, decidiendo llevarlo al comedor escolar, para acostumbrarle a comer de todo.
 Fue un desastre. Un día sufrió un desmayo frente a un plato de romanescu al ajillo.
A partir de ahí, los chicos de su cole, en su infinita crueldad empezaron a llamarle Fobion Mondragon, y si tenían un día chisposo le cantaban “Fobion Mondragon tocame el acordeón”
 Con esta historia, y las cuatro biodraminas que me había tomado empecé a entrar en un sueño borrascoso que me impedía tener los ojos abiertos. Oía a lo lejos  Fobion…..Acordeón…..
Cuando dijeron de ponernos el cinturón para aterrizar fue cuando desperté.
Al  despedirme de este hombre, me dijo, no se preocupe, descubrí un día que  cada quien tiene como mínimo una fobia, amíguese con ellas y no tendrá problemas.
A mí, de hecho, me divierte ver a veces brotes verdes en la planta de mis pies.

                                                                                                                       Pilar Jiménez Ortega 
                                                                                                                       11 Noviembre de 2018