MI PRIMERA EXTRAÑA
Era la primera vez que pensaba en tantas primeras veces que había pasado sin darle la menor importancia.
Pero esa primera vez después de muchas, pasé la mano mesándome el pelo y note como la mano subía hacia la cabeza, en un gesto de cansancio absoluto confirmaba ¡Cambias!
Mire la mano que anteriormente no me hubiera resultado extraña, era la mía; y ahora como si no la conociera movía los dedos lentamente encima de la mesa, de uno en uno paulatinamente, irreverente se
volvía hacia mi vista y en un gesto totalmente descortés mostraba la palma y acusaba ¡Envejeces!
Volviéndose y utilizando el dedo meñique a modo de martillo ¡Toc,toc! De un modo insultante pues anteriormente nunca se me había revelado, confirmaba este hecho.
Esto lo estaba viendo en toda su amplitud y, era tal la desazón que automáticamente esa, mi mano, tuvo que buscar la otra como consuelo y juntas las dos con todos sus dedos entrelazados me dieron fuerza.Apoyándome en la mesa me levante hacia un espejo para confirmar esta revelación.
Mirándome descubrí que lo que mi mano impertinente decía era verdad. Envejecía, si, me estaba pasando, muy rápidamente.
El caso es que era la primera vez que me daba cuenta de verdad, y entonces me dije ¡Creces!
Me estaba mirando de frente, no como tantas veces que pasaba de refilón frente al espejo casi sin reconocerme, con prisa, sin pausa, no mirándome, sino siempre viéndome en ese espejo interior que uno tiene prefijado en el que la edad no transcurre.
¡Cuantas veces me había mirado sin hacerlo!
Era la primera vez en la que me miraba con los ojos de un desconocido.
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