miércoles, 13 de enero de 2021

 

                                                                   LA SILLA

 

Ese es solo mi nombre, el apellido es estilo LuisXV barroca.

Estoy aquí desde hace décadas, era un salón de té de estilo, ahora se ha quedado en cafetería antigua o local progre, depende de quién lo nombre.

He conocido todo tipo de posaderas, escuetas que parece mentira fuesen capaces de enganchar unas piernas, fofas y temblorosas como un flan de vainilla, otras poderosas y prietas de roca, esas son las que me han debilitado las patas relegándome al rincón de las confidencias.

En fin, os podéis imaginar son muchos años de oficio.

Pero hoy han venido unas inquietas, cada segundo parecían tener que colocar la osamenta y de pronto una voz decía: “ profundos ojos oscuros” declinado a la vez que enderezaba la espalda, y luego al tiempo “galopan mi pensamiento”

¡Era un poema!

Se había sentado en mi un poeta y escribía del amor.

Me he sentido regocijada, yo, que lo que conocía de esto era unos tonteos con un sillón orejero cuando aun brillaba mi barniz en el centro de la sala, y resulto ser tan presumido que solo hacía que refocilarse en si mismo ante mis miradas.

Y ahora aquellas nalgas inquietas hablaban febrilmente del amor.

Al decir  “aquellos labios de amapola” el movimiento ha sido tan brusco, que mi pata derecha ha acabado de quebrarse.

Me he roto, y esto ha acabado con su inspiración.

En este momento estoy en un cuartucho de anticuario del rastro, haber si se fija en mí un buen restaurador, y aun puedo disfrutar de algunas mieles de la vida.

 La humedad de este cuarto está matando mis maderas, menos mal que algún que otro domingo sacan mis telas al sol.

En uno de esos días, un hombre de gafas redondas me ha tocado con mucho detenimiento, hasta la muesca que tengo en el respaldo ha encontrado.

Y muy despacio ha susurrado “te voy a dejar como la más bonita”

De estas me ha llevado a un cuarto con tanta humedad como el anterior, que desilusión, aunque este huele a trementinas, disolventes y otras tantas de cosas que no se identificar.

Esta mañana ha aparecido cantando, me observa y pone a funcionar una cosa que vibra y hace  un ruido espantoso.

¡Dios mío! Lloro hasta la savia que ya no me queda, me esta partiendo, Asustada me pregunto si querrá leña, pero no, ya no son tiempos de leña.

Amargamente veo mi respaldo sin tela, en madera pura, por un lado y el asiento por otro, quiero morir de la pena, no contento con esto los ha unido con cadenas, este hombre está loco, que posaderas voy yo a aguantar de semejante manera, es imposible.

He llorado toda la noche-

Me está hablando todo el rato, como si quisiera consolarme, quizá note mi tristeza, me dice que me va a convertir en su mejor cuadro ¡no le creo!  Estoy destrozada, todo se ha acabado.

Después de bastante tiempo, tengo que contar, que si que era verdad soy un gran cuadro en su salón.

En mi respaldo tengo pintado un frondoso árbol con infinidad de colores en sus hojas, y en el asiento están finamente marcadas las raíces de este árbol.

Soy muy hermosa al parecer. Lo digo por las miradas de pasión del morado sillón orejero que tengo al lado.

                                                                                                                         Pilar La muy